el libro



La suave piel de la anaconda es una llamada a la naturaleza animal de la condición humana (la comparación con el ofidio no resulta gratuita), un devastador escrutinio de pasiones, un retrato del hombre como bestia hermosa, bella y destructora. Es cierto que el autor se detiene en instantes críticos de la existencia de sus personajes; es cierto que  hace aflorar esos momentos en que la vida, o el amor, se van como agua embarrada por un sumidero, se presentan como una letra vencida o se hielan como una sonrisa incómoda; es cierto que se trata de un libro trágico; pero la tragedia, pese a todo, no nos hunde en la desesperación porque Raúl Ariza es capaz de arrancar, del desarraigo y miseria de todas las vidas, una partícula de esperanza, de ironía, de compasión o de sentido.
Ángel Olgoso





PEDAZOS DE PIEL DE SERPIENTE






"Yo conté hasta doce gatos. Los había de todos los colores y razas. Atigrados en gris o en marrón, con topos como los de las jirafas o los guepardos. Otros eran totalmente negros, o blancos o caobas."











"Él ha abierto los ojos, espeso. Ayer cayó de nuevo en la torpeza de volverle a jurar amor sincero. Y luego follaron."












"Seis barcos, aparentemente alineados, jalonan el trozo de línea del horizonte que le queda enfrente. No hace otra cosa que mirar el mar desde hace más de una hora."









"Pero sin darnos cuenta han ido remitiendo los emocionados jadeos, hemos recompuesto el ritmo cardiaco y la cordura ha comenzado a llenar el vaso de un adiós que me resulta evidente."





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